En el marco de la 27º Edición del Festival Internacional de Teatro Universitario, 6 compañías de teatro realizaron diversas intervenciones cuyos puntos en común fueron dos:

• Acciones realizadas en el espacio “público” del CCU
• Acciones que mostraran desde diferentes enfoques las preocupaciones que se generaban a partir de las problemáticas que atraviesan las mujeres hoy en día, tanto en su papel como artistas, así como en sus roles sociales.

“Manifiesto 2020 propone una serie de intervenciones que abran camino al encuentro, al contagio y el pronunciamiento. Porque en un momento convulso no hay nada mejor que aferrarse al cambio.”
UTOPÍA
Manifiesto de escritura colectiva del 27o Festival Internacional de Teatro Universitario
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Un hueco en el pecho.
Un campo por florecer.
Una ola en mar abierto.

El futuro. Brillante y lejano.
El futuro. Absurdo e incierto.
El futuro. Ese mañana anulado.

Llegará.
Y con él, las soluciones que tanto anhelamos.
Entonces todo será distinto.
Lo difícil quedará en el pasado.
Miraremos por el espejo retrovisor los problemas, la criminalidad del presente, su injusticia, el
apocalipsis perpetuo, la desigualdad.
Todo habrá quedado atrás.
Ninguna mujer vivirá con miedo y las marchas serán celebraciones.
Daremos un suspiro de alivio en unísono.
Por delante estará la experiencia humana por excelencia: la vida en común.
Cuando eso pase, cuando el mañana llegue y sea glorioso, allí estará el Festival Internacional de
Teatro Universitario.

El FITU.
Encuentro, comunidad, aprendizaje, asombro, tejido, movimiento y canto.
El entusiasmo de estar juntos.
Este pequeño pedazo del mundo será evidencia de la utopía.
Al principio hacer teatro no será sencillo. No sabremos muy bien de qué hablar.

Luego llegarán los relatos del pasado. Una advertencia para las generaciones futuras.
Los más jóvenes se sorprenderán, porque su realidad y la ficción no se parecerán en nada.
“Qué ridículos fueron, qué inimaginablemente crueles. ¿Por qué lo hacían? ¿De verdad pasó?”
Y nos reiremos.
Porque sí, de verdad pasó.

Ya pasó.

Muchas cosas habrán desparecido.
De la escena también.
Habremos soltado aquello a lo que hoy absurdamente nos aferramos: la autoría, las condiciones
indignas de trabajo, las jerarquías teatrales.
Estudiar teatro será una experiencia liberadora y desafiante: sin maltratos ni humillaciones.
Las escuelas abolirán la sumisión didáctica.
Comprometerse y sacrificarse ya no serán sinónimos.
Habremos aprendido a respetar nuestros cuerpos.
Se nos enseñará la importancia del descanso y el cuidado.
El teatro no estará por encima de la vida.
Y eso estará bien.
Estas bellas y radicales generaciones del porvenir, encontrarán que su fuerza, su pasión e inagotable
energía se verán recompensadas al incorporarse al gremio.
Disfrutarán de salarios dignos, pagos a tiempo y en forma, seguridad social.
Vivirán de su trabajo.
Accederán al ocio.
Serán recibidos con los brazos abiertos por las y los trabajadores del teatro, quienes hace mucho
habrán decidido que la horizontalidad es su bandera.
No habrá más vacas sagradas.
En su lugar vendrán la escucha y la empatía.
Seremos comunidad.

Las mujeres de este país, no solo aquellas que se dedican al teatro, sino todas las que habitan este
territorio, vivirán sus sueños y no sus miedos.
Los hijos sanos del patriarcado se habrán extinguido.
Y nosotras, nosotras estaremos vivas.
La paridad será la norma.
Las técnicas, gestoras, productoras, investigadoras, funcionarias, vestuaristas, acomodadoras,
actrices, iluminadoras, dramaturgas, escenógrafas, asistentes, músicas, videoastas, directoras,
espectadoras y maestras vivirán una vida sin violencia.
La justicia en el teatro tendrá forma de mujer.

El deseo común no significa nada sin la organización. El festival será el espacio de los vínculos. De
los afectos. Serán estos quienes den paso al cambio.
Las formas de unirnos serán nuevas y reiremos otra vez al pensar que en algún momento alabamos
la individualidad.
La generosidad será la norma.
El ambiente nos lo agradecerá.

Cuando todo esto haya pasado, el teatro universitario será crítico, monumental, incluyente,
profesional y gozoso.
Pertenecer a la UNAM seguirá siendo un orgullo y privilegio.
Todo lo que deseamos para el festival se habrá cumplido.
Allá viene la rectora de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ella. Se acerca con noticias
alegres: más presupuesto para más ediciones para muchas más sedes para todas las obras.
El festival se siente eterno.
Persiste.
Persiste como la utopía.

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